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Erwin Gilberto Torres Alvarez Profesor de Computación y Programación en Nursery, Prekinder, Kinder, Preparatoria, Primaria, Secundaria, Diversificado

REFLEXIÓN Y AUTENTICIDAD: DOS EXPRESIONES DE AMOR

M. Ryan



Se ha escrito que "los padres son culpados por los fracasos en la educación, pero no son entrenados", creo que esta acusación es verdad. Son los mismos padres a quienes se acusaba de prepararse para todo, menos para las dos funciones más importantes en su vida: casarse y tener familia.
Ahora cabe la pregunta: ¿Qué hacen los padres para entrenarse? De nada sirve maldecir la oscuridad. Es necesario encender una lámpara, la que sea, incluso, aunque fuera sólo un cerillo.

La primera tarea es la reflexión. No basta tener un hijo para convertirse automáticamente en educador consumado. No basta estar físicamente presente a este hijo. Es la base pero es insuficiente.

Son necesarios padres conscientes, que reflexionen y piensen. Esta reflexión se impone por varios motivos: el primero es por ser la educación una tarea esencialmente preventiva, prospectiva. ¿Cuántos padres tienen un plan para la educación de sus hijos? ¿Cuántos padres tienen pensado cómo será la siguiente etapa de su hijo, qué cambios va a haber y qué nueva política se necesitará en la educación? ¿No es verdad que se deja mucho para el momento?

Entonces, si el hijo sale sin problemas, pues qué bueno; pero si surgen imprevistos, a muchos padres les sorprende desprevenidos. De ahí comienzan los sobresaltos, los remedios al vapor, tal vez las medidas drásticas y precipitadas, las emergencias, etc.

Hay que pensar por anticipado. Los dos padres ya lo deben tener bien platicado y tienen que trazar ya las líneas generales de la estrategia. Los hijos pasan delante de ustedes sólo una vez.

Los padres, centinelas natos
Hay otro motivo de urgencia, los padres son los guardianes más importantes de la educación de los hijos. La escuela o las demás instituciones a las que se manda a los niños no pueden estar al tanto como los padres.

Las instituciones tienen la ventaja y la desventaja de ser instituciones, es decir, organizaciones físicas, permanentes, pero por lo mismo, lentas en evolucionar, lentas en reaccionar. Los padres, al contrario, son centinelas natos: ellos son los que deben percatarse de cualquier movimiento raro en el horizonte, ellos son los que deben tomar medidas mientras "el enemigo" está lejos; no esperar a tenerlo ya en casa.

El niño, un ser en constante transformación
Otro motivo por el que es necesaria la reflexión es la realidad misma del niño. Es un ser en constante transformación y no hay marcha atrás (a diferencia de otros procesos de producción). Por tanto, el mejor servicio que le podemos prestar a un hijo es vigilar esta transformación y esto no se da sin una reflexión seria y contante.

Esto puede exigir a los padres un poco de estudio. No se trata de ser expertos psicólogos. Pero sí deben conocer con exactitud las fases de desarrollo y las características más normales de cada fase.

¡Cuantos padres no sabrían enumerar en forma sencilla las características, el caudal de información que nos proporciona hoy la psicología educativa!

Es un mal educador aquel que no aprovecha los instrumentos que tiene a su favor. Será por flojera o por presunción: “¿A mí me van a enseñar?”, será por falta de tiempo (explicación, pero no excusa, porque hay que darle tiempo a las prioridades) o por lo que usted quiera, pero el que sufrirá será el hijo.

Tal vez alguien diga: "Soy un buen padre" o "soy una buena madre." Pero tal vez se puede ser mejor. A veces se puede mejorar algo en la educación de los hijos, algo en sí muy pequeño pero que tal vez se repita muchas veces al día, muchas veces al año y se puede convertir en un importante elemento de educación, por efecto de esta suma.

Por ejemplo, una mamá que se da cuenta del efecto nocivo de sus gritos en el niño, tal vez eliminará un grito al día; son 365 días al año y multiplicado esto por varios años nos daremos cuenta del bien que se habrá hecho al niño.

Tendemos a ser víctimas de la rutina, hay que ser inventivos, si se puede dar a los hijos este regalo de la reflexión, hay que dárselo.

La autenticidad ejemplar en los padres
Además de la reflexión, hay otra faceta en la educación que no conviene olvidar. Es la autenticidad personal de los padres. Educar de verdad es un reto personal. Educar de verdad no es jugar un rol, una pieza teatral. Hay una transmisión inevitable de la realidad personal de los padres, debido a la convivencia con los hijos: aquí no cabe el engaño.

A veces se ve mucha incoherencia aquí: se ve padres que se preocupan por mandar a sus hijos a escuelas donde se eduquen bien en virtudes y valores, e incluso están dispuestos a pagar colegiaturas exigentes, sin embargo, ellos no practican estos mismos valores.

Esto es sabotear toda la labor educativa. Hay que tratar de vivir lo que se trata de enseñar, si se es honesto con uno mismo. Ciertamente nadie será perfecto, o la exacta encarnación de lo que uno enseña. Los hijos deben ver en sus padres la intención sincera por practicar lo que predican. Y esto es lo hermoso de la educación.

Se ha dicho que tenemos dos juventudes: una que fue la nuestra y otra la de nuestros hijos. Hay que crecer con ellos. Hay que comprometernos con todo aquello que les enseñamos.

El mejor patrimonio que unos padres pueden dejar a sus hijos es su cuadro de valores. Todo lo demás es secundario y se puede perder. Pero si tienen sus valores bien cimentados, tendrán dentro de ellos mismos la fuente de la felicidad.

Ahora bien, estos valores se transmiten por vivencia, por transparencia personal de los padres. Esta autenticidad de los padres también necesita reflexión, autocrítica y sinceridad. Pero ese "sacrificio" se lo debemos a los hijos. Esos hijos que pueden crecer de repente, en un abrir y cerrar de ojos. Que no tengamos que arrepentirnos por no darles lo mejor de nuestro amor, que es la autenticidad de nuestro ser.

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